Todo empezó con los autocines y la Nouvelle Vague, con las reuniones de cinéfilos de los años 60 y las sesiones dobles en el cine del barrio. Desde entonces, el cine se ha mostrado como una de las herramientas culturales más potentes y, lo mejor de todo, más al alcance de la mano de todos. Ahora la pintura o la escultura están menos de moda que La Década Prodigiosa incluso entre los círculos artísticos más esnob. Ahora lo que de verdad te va a hacer triunfar en las reuniones de amiguetes, en las de trabajo, con la chica que conociste el otro día por la noche y a la que invitaste al cine para conquistarla, es el cine. Pero, ¿cómo empezar a ser un erudito si tu cine favorito son las películas de Bud Spencer y Terence Hill y crees que Truffaut es una denominación de origen de algún vino francés?
No importa, no hace falta verse todos esos clásicos y películas para raros que tanto cacarean algunos por ahí. Es más, estás hasta seguro de que ellos tampoco las han visto. En realidad, ¡claro que no! Todo es fácil si te lo propones, y siguiendo algunas reglas básicas serás el rey de las discusiones cinéfilas con tus amigos, serás admirado por tus compañeros de trabajo que verán en ti a alguien erudito y profundo, e incluso aquella chica se quedará prendida de tus argumentos y tu saber. Lo mejor de todo es que tú, mientras, seguirás viendo las mismas pelis de Van Damme y Seagal, que sabes que es lo que de verdad vale. Sólo con atender a este breve curso, estructurado en 10 reglas básicas, serás el rey de la fiesta. Aconsejamos leer detenidamente y practicar cada regla con alguna discusión esporádica para lograr ser un maestro:
1. El cine, en Versión Original.
Alguna vez intentaste ver una película en V.O. y te diste cuenta de que pasabas más tiempo leyendo los subtítulos que viendo la acción porque no entiendes ni papa de inglés, pero todo buen cinéfilo sabe que la única forma válida de disfrutar del cine es en V.O. Así, los cines Renoir son tu santuario y afirmarás que te niegas en rotundo a ver una película doblada porque, incides contundemente, es una falta de respeto al séptimo arte (y remarca lo de “arte”). Si en tu ciudad no hay cines de V.O. porque tendrían menos éxito que Almodóvar en el Vaticano, será motivo de queja continua y sacarás el tema en cada discusión cinéfila. Así, de paso, tendrás una excusa sumamente jugosa para no ir al cine a ver los ladrillos que se supone son obras maestras.
En DVD siempre pondrás el idioma original aunque sea el hindí y no entiendas nada. Si alguien te espeta que no ve películas en V.O. porque se pierde la acción, le dirás que es un inculto y que si no es capaz de leer a buena velocidad lo suyo es sólo mirar a la acción porque el cine es un arte principalmente visual.
2. Los remakes y continuaciones, prohibidas.
Jamás has visto ni verás remakes. Siempre acudirás al clásico o país original para consumir cine. Jamás viste a Charlton Heston en Ben-Hur porque el encanto de la versión clásica muda es inigualable, y donde se ponga Frank Sinatra que se quite el George Clooney de Ocean’s Eleven. Por no ver, no has visto ni El Padrino II, de la cual dirás que fue una maniobra comercial de Coppola y que no merece la pena. De las trilogías famosas sólo has visto la primera, incluso en el caso de El señor de los anillos. No viste 12 monos porque te sabes de memoria el corto de La Jetée ni las versiones de pelis japos hechas en América.
3. Los géneros prohibidos.
Existen ciertos géneros que no están a la altura de la grandeza del cine y que, como tal, serán borrados de nuestros gustos cinéfilos de un plumazo. Insistimos en que todo esto son indicaciones para la discusión de marras y no la realidad, así que no te asustes cuando te digamos que la acción es un género prohibido, de hecho el más prohibido de todos, y que tu adorado John McKlein no es más que un icono fascistoide que los americanos nos tratan de colar como héroe. A ti no te las dan, y salvo excepciones remarcables el género de terror tampoco vale un cagado y puedes despreciar todo. El thriller nada de nada, es cine facilón que trata de engatusar al espectador con tramas poco realistas y enrevesadas artificialmente. La comedia, sólo la de Woody Allen. De ciencia-ficción te quedas con Tarkovsky, 2001 y si eso Blade Runner, aunque Ridley Scott no te guste en nada más. Si queremos simplificar, lo que nos irá a nosotros serán los dramas humanos hiperrealistas, cine social y esas cosas, y alguna muestra artística pura. Ya sabes de lo que hablamos, esas películas con las que todo el mundo se duerme pero son calificadas por cuatro gatos como puro arte. Luego hablando de nacionalidades detallaremos.
4. El cine, principalmente de antes de los 70.
Los 70 fueron una década excesivamente violenta aunque haya alguna película interesante. Por lo demás, el cine auténticamente bueno está antes de 1970. Toda película realizada antes de esa fecha será un pedazo de clásico que merece la pena revisitar, aunque sea un petardo comercialoide. Para que no te pillen en las discusiones sobre Capra o Ford dirás que hace tiempo que no admiras su obra y que tienes pendiente volver a ver todas sus películas de una sentada. Este argumento lo sacarás constantemente, porque recuerda que no hace falta ver una sola película para ser experto: basta con leer un par de cosas y tener las ideas claras sobre qué es lo verdaderamente bueno y qué no.
5. El cine, principalmente independiente.
Del cine actual también tendrás películas que admirar, pero está claro que no serán las que a ti te gustan. Nada de A todo gas ni Matrix. Tú no ves de eso y cuando te confundes de sala te vas del cine a los 10 minutos. Una regla general que te puede valer para casi cualquier discusión es que el cine americano moderno es pura mierda, y que el arte está en las cinematografías exóticas y a lo sumo en el cine europeo. Francia, Alemania, Italia son países en tela de juicio. Otros como República Checa, Serbia o Polonia son cinematografías a estudiar y admirar. Pero lo que de verdad vale es lo exótico… el buen cine, lleno de sentimientos, códigos ocultos y preciosa fotografía, lo encontrarás en Irán, India y Oriente. Wong Kar-Wai, Kiarostami, Kim Ki-Duk y otros cineastas del mismo palo son tus ídolos y llevarás fotos de ellos en la cartera. Siempre que te pregunten de qué va una de esas películas, porque en general la gente no tiene ni remota idea de quiénes son, dirás: “es una obra intimista sobre la naturaleza del ser humano, sobre lo que nos conecta y nos mueve, una desgarradora fábula social que me llegó muy dentro”. A lo que, ante el estupor general por la soplapollez que acabas de soltar, añadirás solemnemente: “tiene una preciosa fotografía”.
6. El cine como el Dogma, pero odias Dogma.
Hace unos cinco años era muy chic afirmar que eras un fiel seguidor del movimiento Dogma, pero cuando se descubrió que eran unos fantoches que sólo querían llamar la atención y que han roto continuamente sus propias reglas autoimpuestas, han pasado al ostracismo de nuestra admiración. Quedan los títulos y demás, pero como movimiento son lamentables. Sin embargo, sus reglas son para ti la auténtica manera de ver el cine, así que pásate por alguna página para echar un vistazo al manifiesto Dogma y hacer tuyos sus argumentos de lo que es “el buen cine, el cine como arte”. Esto viene a decir, más o menos, que lo bueno es retroceder 100 años y volver a los tiempos en que no había efectos, ni música ambiente, se llevaba la cámara al hombro y cosas del estilo. Si ves películas granuladas, mal enfocadas, que te mareen y en definitiva que te produzcan vómitos durante toda la noche, ésas serán las buenas. Desde luego, la regla básica es que los Efectos Especiales están prohibidos y son una aberración, y la manipulación digital por ordenador es una ofensa a la inteligencia del espectador.
7. Las adaptaciones: siempre mejor el libro.
Cuando alguien te hable de El Señor de los Anillos, unirás el concepto del punto 2 con este nuevo, afirmando solemnemente: “Peter Jackson me traicionó al no poner a Tom Bombadil, y no vi las continuaciones”. Tú no has leído El señor de los anillos, ni falta que te hace, pero usarás este argumento y lo defenderás a capa y espada aunque tolkinianos expertos te rebatan tus argumentos. Si logras pasar esta prueba, todo lo demás será sencillo, porque nadie lee un maldito libro y siempre tendrás el campo abierto para meterte con las adaptaciones aunque sueltes barrabasadas tremendas. Todo el mundo sabe que El Padrino es una adaptación de una novela de Puzzo pero, ¿quién se la ha leído? Nadie, así que podrás arremeter contra Coppola sin ningún miedo, afirmando auténticas tonterías como la profundidad de Michael Corleone en la novela y ausente en la película y cosas así. No hay ninguna adaptación mejor que la novela, como regla básica. Las excepciones se encuentran sólo cuando el cineasta es mucho más chic que el autor. Sin duda alguna El resplandor de Kubrick es mejor que el original del comercial Stephen King, por poner un ejemplo.
8. De movimiento en movimiento.
El cine se puede dividir fácilmente en movimientos fílmicos, y con tres o cuatro nociones podrás defenderte ante cualquier listillo. No nos estamos refiriendo al cine del destape o la etapa americana de John Woo, sino a cosas más cultas. Básicamente diremos:
- Expresionismo alemán. Sobre los años 30. Quédate con El gabinete del doctor Caligari.
- Neorrealismo italiano. Sobre los años 45. Quédate con El ladrón de bicicletas.
- Noir americano o francés (y no “cine negro”). Del 40 al 60. Quédate con Perdición.
- Nouvelle Vague francesa. Sobre los años 50-60. Quédate con Al final de la escapada.
Dependiendo de la discusión podrás admirar una u otra época, aleatoriamente y sin sentido alguno. El nombre de la película es para apoyar tu opinión y que no te pillen; lee una sinopsis de cada una para andar con paso firme. Con esto lo tendrás todo hecho en cuanto a historia del cine, pues ya sabes que después de 1970 muy poquito merece la pena.
9. Cineastas fetiche.
Existen varios nombres que nada más decirlos en voz alta todos te miran con cara de pasmarotes, tremendamente impactados por tu persona y tu cultura. Si quieres ser el rey de la discusión bastará con que los nombres para que todos te admiren y no se atrevan a poner en duda tus argumentos. ¿Quieres saber esos nombres, verdad? Lo tienes fácil aunque ten cuidado, hay mucho inculto que no conoce a algunos de ellos. A esa gente la mirarás con desdén y cierto desprecio, preguntándole cómo puede vivir sin haber visto una película de ellos. Nos estamos refiriendo a Ingmar Bergman, a Jean Renoir, a Vittorio De Sica, Michelangelo Antonioni, Jean-Luc Godard, Yasujiru Ozu o Andrei Tarkovski. Con ellos de tu lado en una discusión, apoyado por los cineastas independientes del punto 5, serás imbatible completamente. Podrás atacar por el flanco del lado clásico y el frente del moderno con pie seguro. Nadie podrá contigo, principalmente porque nadie habrá visto una sola película de todos estos directores.
10. Discutiendo con estilo.
Si te están pillando en algún renuncio durante una discusión, recuerda que siempre puedes recurrir a la excusa de que hace tiempo que no ves esos clásicos o que del cine moderno apenas ves nada. Si se pone tonta la cosa, concluye ceremoniosamente la discusión afirmando: “mira, el cine de verdad se acabó en el 28 con la llegada del sonoro, yo sólo veo cine mudo”. Y santas pascuas, con eso dejarás a más de uno calladito. En cualquier caso recuerda que lo dicho aquí son sólo unos breves apuntes y que si quieres curtirte en el cine-arte tendrás que leer unas cuantas páginas web que sepan lo que es el cine bueno. Con leer cuatro cosas podrás afrontar tus primeras reuniones sociales como cinéfilo recién descubierto, y poco a poco en cada discusión podrás aprender de lo que dicen los demás (aunque en ese momento les lleves la contraria) y usarlo en las siguientes discusiones.
Reto final.
Si algún día estás rodeado de pérfidos listillos a los que parece imposible abordar con tus conocimientos de librillo, tienes ganas de caña y no te aguantas más, acósales con algo realmente novedoso y desafiante como por ejemplo encontrar significados ocultos en el cine de Seagal, simbolismos tremendos en Jackie Chan, crítica social aguda en el cine de Bud Spencer y Terence Hill o la visión de futuro de Uwe Boll. Defiende tus argumentos a capa y espada y comprenderás, al fin, que el cine es un arte tan subjetivo como la vida misma y que quizá hayas hecho el panoli yendo de lo que no eres. Pero esto después de llevarte a la chica a la cama, claro.