Crítica de cineFebruary 14, 2006 16:37 pm

El macartismo es, pese a quien pese, una de las épocas más oscuras por las que tuvo que transitar la veterana democracia del joven país de los Estados Unidos, del que tanto sabemos y nos empapamos por éso de la globalización hasta llegar a conocer más de su historia que de la nuestra. En aquélla época una histeria colectiva al grito de “comunistas” invadió la escena política y el senado y se buscaron rojos debajo de las piedras en pos de una supuesta seguridad nacional. Era el “o estás conmigo o contra mí”, y si estabas contra mí, rezaba la liturgia, entonces es que eras rojo. Actores, artistas, periodistas, locutores… todos pasaron por el yugo del senador de Wisconsin, McCarthy, una suerte de paladín del conservadurismo más rancio posible. Varias películas han retratado aquella época, explícitamente como en Caza de brujas (como fue conocido popularmente el período) o implícitamente como en The Majestic. Paradojas del destino, hoy en día en los Estados Unidos se vive una situación bastante parecida, aunque sin tanto acoso y derribo, como la de la caza de brujas. Desde el 11S muchos americanos han perdido sus derechos civiles en favor de una falseada seguridad nacional, situación de la que se aprovechan muchos. Por esa razón la excepcional Buenas noches y buena suerte llega en un momento perfecto para que aprendamos de la historia y no cometamos los mismos errores.

La acción nos traslada por tanto a 1953, cuando el programa “Véalo Ahora” analizaba semanalmente la situación política del país. En plena caza de brujas, el presentador Edward R. Murrow se atrevió a plantear un caso de pérdida de derechos civiles por cuestiones políticas y las inevitables repercusiones hicieron que finalmente encarnara un duro enfrentamiento con el mismísimo McCarthy. Casi toda la película se rueda dentro del estudio de grabación del programa, sin excesiva claustrofobia no obstante. Allí conoceremos a todos los periodistas alrededor de tamaño suceso histórico y guerra mediática, periodistas auténticos, no como los de hoy en día, que anteponían sus convicciones a los dictámenes de su patrón, que sencillamente no existían. Así además del debate político inevitable asistiremos principalmente al quehacer de una de las profesiones que más apasionantes se proponen pero que más prostitución profesional genera.

Buenas noches y buena suerte arranca con fuerza y no deja espacio para el respiro salvo en las fantásticas piezas de jazz que sirven de contrapunto a la tensión. Con apenas un pequeño prólogo con cartelón que podría haberse desarrollado un poco más para situar al espectador, pasamos directamente al enfrentamiento. Por el camino el guión de Clooney y Heslov, nominado al Oscar, apenas tiene tiempo en su hora y media para desarrollar los numerosos personajes secundarios con cara famosa detrás como es el caso de Frank Langella, Robert Downey Jr., Jeff Daniels o Patricia Clarkson. Sólo la relación entre Strathairn y Clooney tiene su cuota correspondiente de pantalla. Quizás ésto deje la película medio coja para algunos, pero lo cierto es que el ritmo directo de la película lo agradece y el foco se centra en los monólogos de David Strathairn, que interpreta con rotundidad y maestría a Murrow a golpe de nicotina, y las consecuencias de los mismos. Según se van sucediendo los distintos capítulos de la lucha entre Murrow y McCarthy el film sube de temperatura yendo claramente de menos a más hasta un monólogo final que mezcla alegato en favor de la libertad de prensa y del buen uso de un arma tan potente en el desarrollo humano como podía (ya hay que hablar en pasado, tristemente) haber sido la televisión.

Dejamos para el final el nombre de Clooney, que ha sorprendido a propios y extraños y en su segundo film se ha colocado con nominaciones a su guión y su dirección sobria y elegante en un B/N acertado que realza el carácter del film. Buenas noches y buena suerte es una sencilla y humilde película bastante redonda a la que algunos podrán acusar de poca profundidad en sus personajes pero en la que ésto redunda en un retrato directo y preciso de unos acontecimientos que nunca deberían repetirse por el bien de nuestras democracias, que ahora mismo están en peligro por las mismas razones que entonces.

9/10

Crítica de cineFebruary 13, 2006 22:45 pm

El aborto es uno de los temas controvertidos más recurridos por los cineastas independientes con ganas de dar su punto de vista acerca de tan espinoso asunto. Superadas en la cada día más laica sociedad occidental las barreras morales acerca de sus implicaciones, últimamente varias películas se han acercado al tema con cierta perspectiva histórica, como tratando de recordar a qué nos atenemos censurando actitudes socialmente extendidas y que sólo se mantienen en la clandestinidad por cuestiones religiosas principalmente. Las normas de la casa de la sidra fue la gran película sobre el tema hace unos años, a pesar de haber ejemplos mucho más gráficos como la irregular Si las paredes hablasen, que trataba de abarcar varias épocas con el mismo tema de fondo. En El secreto de Vera Drake Mike Leigh nos da su visión acerca del aborto pero va un paso más allá pues al confrontar la realidad con la legalidad lo que consigue finalmente es enjuiciar las propias leyes y su procedencia. El resultado es bastante aceptable aunque estemos ante un cine pausado y tranquilo.

Demasiado tranquilo en su primera hora de rodaje, en la cual Leigh se dedica parsimoniosamente a enseñarnos la vida de Vera Drake, una afable ama de casa y mujer para todo que abnegadamente cumple con todas sus obligaciones en favor de una familia a la que adora. Vera es sencillamente encantadora a ojos de todo el mundo pero esconde un oscuro secreto que sólo una mísera amiga conoce: practica abortos clandestinos a domicilio. Trata a jóvenes que desean interrumpir su indeseado embarazo. Dada la época estas jóvenes buscan una solución barata aunque arriesgada. Así transcurre una hora enterita en la que de paso conocemos a la familia de Vera y nos presentan subtramas que funcionan con mejores y peores resultados pero que en líneas generales no aportan casi nada y lastran una ya de por sí dura primera hora. Entonces sucede lo inevitable cuando una de las pacientes de Vera cae enferma tras serle practicado un aborto. La policía empieza a tirar del hilo hasta llegar a la inocente, cándida y bondadosa Vera, que se verá en la situación más difícil de su vida.

El secreto de Vera Drake contiene escenas de gran poderío en su segunda parte, una vez que la trama se desenvuelve y se desarrolla. La primera hora está recomendada para insomnes pues su desarrollo es lento y fácilmente acortable, tanto que al final las dos horas de película casi nos dejan la sensación de haber visto dos películas de una hora, de las cuales la segunda de ellas dura demasiado poco. El punto en común de ambas es el nivel de actuaciones del film, como suele pasar en las películas de Mike Leigh como la extraordinaria Secretos y mentiras. En esta ocasión Blenda Blethyn deja paso a una superlativa Imelda Staunton que mereció mejor suerte en los Oscar frente a la Hillary Swank de Million Dollar Baby. Staunton realiza una actuación impecable y brillante con muchos registros, desde la afable señora Drake hasta la desesperada acusada de crímenes que ella misma desconocía como tales. Las reflexiones finales del film son estupendas pues Leigh se encarga de que no haya malos reconocidos en el film. Ni los detectives son agresivos ni nada parecido. Lo único que hay en el film es un retrato de la práctica ilegal del aborto, que moralmente tiene muchas visiones aunque se suele reducir a dos, la laica y la religiosa.

El film creará controversias aunque bien es cierto que hoy en día estos temas cada día están más superados. No viene mal recordar lo que ocurría en el pasado para que nuestras leyes y sociedades no vuelvan a las andadas. Todo ésto bajo un guión irregular con ritmos muy distintos que muy probablemente se le atragante a más de uno. Aún así, si por algo será recordada El secreto de Vera Drake es por la tremenda actuación de Imelda Staunton.

7,5/10

Crítica de cineFebruary 10, 2006 12:47 pm

Pocas, muy pocas películas han tratado un tema altamente político y polémico como el conflicto entre Israel y Palestina. Desde el lado de Occidente se ha explorado muy poco pues probablemente hay cosas mejores que pensar que en algo que día tras día aparece en nuestros telediarios para darnos malas noticias. Desde el lado palestino, algún intento independiente que tiene en Paradise Now su mayor exponente desde que el film de Hany Abu-Assad se estrenó el año pasado. Tanto que su distribución en Occidente ha sido bastante notable para una película de corte tan minoritario y que probablemente gane puntos si gana el Oscar para el que está nominada, a mejor película de habla no inglesa. Paradise now es un fantástico acercamiento a algo a lo que Occidente quiere cerrar los ojos: el terrorista que además es mártir. Qué pasa por su mente, qué le lleva a tomar una decisión así, cómo es su vida antes de inmolarse, cuáles son sus dudas… Paradise now es una disección de todas estas cuestiones a la vez que toca en varios puntos el conflicto por excelencia de Oriente Medio. Se puede decir que el film es un drama humano con fondo político.

La historia de Paradise now es ante todo la historia de Said. Él es un joven palestino que sale adelante con su trabajo de mecánico y que desde pequeño ha vivido oprimido con la realidad de pertenecer a un pueblo que es ninguneado por israelitas y Occidente, que es declarado oficialmente inferior a aquéllos que él teme y odia simultáneamente. Por éso Said se ha apuntado, junto a su amigo Khaled, como mártir al servicio de los terroristas palestinos. Un día su mentor espiritual Jamal se acerca a él y le anuncia que su momento ha llegado. A partir de aquí todo es una corriente de sentimientos enfrentados a lo largo de una hora de metraje en la que Said es el centro de un debate continuo sobre cómo enfrentarse al opresor. Existen distintos puntos de vista sobre cómo hacerlo, pero en lo que no entra Paradise now es en ofrecer la postura israelí. Éstos no son nada más que un símbolo en la película, no una parte del debate, y por éso Paradise now rezuma un cierto sentimiento antisemita. La película no obstante ofrece sus puntos de vista de manera bastante imparcial y sin posicionarse hacia ningún sitio, y deja libertad al espectador para que realice sus propios juicios de valor una vez que conoce un poquito más a fondo la realidad de la situación de los mártires. En este sentido Paradise now es una película casi de obligado visionado para aquél que esté interesado en el conflicto pues aporta un punto de vista que nunca se atreverían a mentar políticos o telediarios.

Como film al margen de la polémica, Paradise now es muy apreciable. Mantener el ritmo de una película como ésta es todo un reto y Abu-Assad lo consigue gracias a un guión que no se deja llevar por la comodidad y te lleva de un lugar a otro de manera coherente y continuada, salvo un pequeño bache a mitad de film. La duración es escasa, menos de hora y media, pero adecuada al propósito de la película. Lo más sorprendente es sin duda la actuación de Kais Nashef como Said, pues su personaje es muy complicado por lo lleno de contradicciones que está. Su inseguridad y su firmeza alternan en su personaje igual que en sus gestos y su expresividad, y merece la pena seguirle los pasos a este chico. El resto de secundarios no se le acercan ni de lejos. Visualmente el film también es destacable. No por ofrecer una fantástica fotografía ni nada parecido, pues a nivel técnico la película tiene pinta de haber estado bastante justita de presupuesto, pero sí en que el film nos enseña la realidad de Palestina más allá de lo que creemos pensar, y aporta un argumento más al interminable debate.

En definitiva Paradise now es una película bastante redonda que se ocupa de un tema tan peliagudo que sorprende que esté en buena posición para los Oscar. Más allá de algo tan banal como estos premios, esta película puede pasar a nuestra memoria como una película que resume perfectamente el sentimiento palestino, que va mucho más allá de la religión para entrar en el terreno de la dignidad humana. Igual que hace unos años una fotografía de un niño palestino lanzando una piedra a un tanque israelí nos revolvió las conciencias, Paradise now también nos ofrece una buena base sobre la que meditar y debatir un conflicto que a veces, por costumbre de verlo en el telediario, nos resulta anónimo.

8/10

Crítica de cineFebruary 7, 2006 16:50 pm

La homosexualidad en el cine siempre se ha tratado desde un punto de vista de lucha por la igualdad de derechos, una forma de concienciar moralmente a los espectadores de la normalidad de una forma de vida que aún escama a mucha gente por razones generalmente religiosas. Huyendo de la polémica también se han rodado historias de amor entre homosexuales sin más carga social que el inevitable contexto en el que esa relación se da lugar. En este sentido Wong Kar-Wai rodó la estupenda e infravalorada Happy Together, y otro cineasta de oriente, el polivalente Ang Lee (Hulk, Tigre y dragón, La tormenta de hielo), se ha atrevido a rodar, con una tranquilidad admirable, una historia polémica para muchos pero que en el fondo y en la forma no es más que una bonita historia de amor frente a las circunstancias y las morales. Además va de cabeza a los Oscar y no por pocas razones, a pesar de que Brokeback Mountain esté un poco por debajo de lo que se puede considerar una obra maestra. Como ellas, eso sí, éste es un film que madura en la mente del espectador que, reflexionando cada paso de la película, se va dando cuenta de que de lo pequeño se llega a lo grande, de lo mundano a lo universal.

La historia de Brokeback Mountain es bastante sencilla formalmente. Tenemos a dos vaqueros, Ennis del Mar y Jack Twist, contratados por un déspota patrón que los envía a las montañas a cuidar su enorme rebaño de ovejas incluso por encima de la ley. Allí ambos vaqueros se irán conociendo poco a poco. Ennis es el prototipo de macho duro y recio, de pocas palabras, sentimientos de hierro y moral conservadora. Jack es un joven mucho más dicharachero, rebelde y con cierta ambigüedad sexual lejos de la norma entre los vaqueros. Tanto tiempo separados del mundo y de la realidad fuerzan un acercamiento entre ambos, que cada vez tienen más confianza mutua y pasan poco a poco a las intimidades hasta convertirse en buenos amigos. Una noche inesperada Jack se lanza y la relación de amistad pasa a ser una relación sexual. El resto del tiempo en las montañas lo pasarán haciendo crecer un amor que ambos saben que tiene fecha de caducidad. Efectivamente así sucede pero tanto Ennis como Jack se rebelarán contra sus circunstancias y provocarán encuentros durante muchos, muchos años. A pesar de ello, sobre todo por culpa de Ennis, ambos continuan con sus aparentemente normales vidas con sus mujeres e hijos.

La clandestinidad de la relación homosexual en una época de intolerancia en temas sexuales (1960-1980) es la circunstancia que hace que la relación entre ambos sea especial e imposible, que Ennis no logre dejar a su mujer y viva amargado con una doble vida en la que en ningún momento llega a estar satisfecho. La situación es mucho más clara para Jack, que está dispuesto a arriesgar pero que espera desesperado a lo largo de los años. Los debates que genera la película tras su visionado son tan universales como los que genera la vida misma, y el hecho de que la pareja protagonista esté formada por homosexuales en nada influye. Al fin y al cabo, nos viene a decir Brokeback Mountain, el amor no entiende de morales ni sexos.

Ang Lee ha sabido sacar el jugo al texto de partida gracias a su fidelidad al relato corto en que está basada la película y a la estupenda elección de los dos protagonistas, el punto fuerte del film. Tanto Heath Ledger como Jake Gyllenhaal están brillantes en sus interpretaciones y desprenden una química difícil de ver en una pareja cinematográfica. Lástima que el maquillaje necesario para remarcar el paso del tiempo no esté a la altura y más bien parezcan jóvenes jugando a ser adultos en vez de personas de 40 y pico años. El punto más débil del film se encuentra no obstante en la estricta y episódica manera que ha tenido Ang Lee de adaptar el guión. El resultado es que cada escena se sucede con la siguiente sin apenas conexión temporal ni espacial y consigue descolocar algo al espectador y sobre todo desimplicarle en ocasiones. Quizá una buena elección hubiera sido limitar la acción a unos pocos años en vez de resumir durante algo más de dos horas las vivencias de dos personas a lo largo de 20 años. La dirección tampoco ayuda en ocasiones pues Lee se pasa de frío en alguna ocasión. Ennis y Jack apenas se tocan o muestran ternura delante de la pantalla una vez que salimos de Brokeback, y el espectador tiene que imaginar el alcance de su relación más por lo que intuye que por lo que ve en la pantalla. Eso sí, en la parte final Lee se desquita con alguna escena de dramón auténtico que logrará convencer a los que hayan llegado escépticos a esa parte del film.

Dentro de un mes probablemente estemos hablando de la película ganadora del Oscar. Es difícil derimir si lo merece pero lo que está claro es que sería todo un soplo de aire fresco el que una película de corte tan humilde, sencillo y plena de sentimientos se llevara el gato al agua. Una película que inteligentemente huye de alegatos y se limita a contarnos una historia universal sobre el amor, la esperanza y las oportunidades perdidas. Una joya que como las grandes películas se degusta poco a poco.

8,5/10

Crítica de cineFebruary 4, 2006 2:50 am

El mundo empresarial no es algo que normalmente sea muy del agrado del mundo del cine, y éso que muchos de los espectadores trabajan en oficinas todo el día y saben que es un mundo abierto a distintos tipos de pequeños dramas y metáforas sobre la vida en general. Quizá sea por el factor de evasión que supone el cine y es por ello un tema a evitar, pero sólo films menores como Trabajo basura han tratado de hurgar en los interiores de una oficina. En este ocasión Paul Weitz, director reciclado de American Pie cuyo anterior trabajo fue la entretenida Un niño grande, hace un dibujo general del interior de una empresa que en algo menos de dos horas sufre los vaivenes a los que muchos empleados se están empezando a acostumbrar en este mundo de OPAs, fusiones, multinacionales y despidos masivos.

Existen dos líneas argumentales en In good company bien definidas y que tan sólo se cruzan en un inevitable momento dramático previsible y que no aporta demasiado. Por un lado vivimos, dentro de la oficina de Dan Foreman, la tensión que se vive en una empresa una vez que es absorvida por otra más grande con ganas de transmitir su espíritu de grupo a todos los rincones existentes. Foreman se ve relegado de su puesto y, paradojas del destino, le sustutiye un mocoso al que dobla en edad, Carter Duryea, sin apenas experiencia pero con muchas ganas de comerse el mundo. Entre ambos surge el inevitable roce y la película juega entonces a que nos indentifiquemos con el afable padre de familia que tiene que pedir una segunda hipoteca por los estudios de su hija y que se encuentra en la cuerda floja gracias a la llegada del insoportable trepilla que en el fondo no sabe más que repetir la palabra clave de su corporación: sinergia. Aquí In good company podía haber caído en una sucesión de situaciones de tensión cómicas interminables, pero sorprende reconduciendo la relación de ambos personajes hasta lograr una conexión inimaginable en los primeros encuentros, siendo beneficioso para el ritmo. No lo es tanto la otra línea argumental que trata de liar la madeja y rellenar con paja una película que en realidad iba de otra cosa: la relación del jovencito Carter Duryea con la hija de Dan Foreman, que dado que es absolutamente previsible y no tiene apenas interés es mejor obviar en favor de la película.

La moraleja americana en favor de la familia y los buenos sentimientos, a pesar de que la realidad que maneja el film sea otra, está muy presente. A modo de Family man, aquel olvidable film de Nicholas Cage, el personaje de Carter Duryea se convierte en el centro de la trama al tener que decidir hacia donde quiere dirigir su vida a sus escasos 26 años: o el mundo yuppie falto de sentido que le plantean en su matriz o el mundo de sentimientos bonitos, familia y amistad que se plantea al conocer a Foreman. No conviene dejarse liar demasiado por las lineales conclusiones de In good company y es mejor disfrutar con la mala baba que está presente en muchas de las escenas rodadas en torno a las relaciones empresariales que olvidan en muchos casos el factor humano que hay detrás de todo negocio. Además de ello, las actuaciones de Dennis Quaid y Topher Grace son más que correctas sobre todo por la gran química que surge entre ambos.

Al final In good company queda como un agradable melodrama en torno al mundo empresarial con toques familiares que entretendrá muy probablemente a casi todo el mundo y que cuenta con algunas escenas y diálogos interesantes. Aún está por llegar, no obstante, la película que de verdad toque de pleno un tema espinoso y que Hollywood evita como el de las grandes corporaciones y su falta de escrúpulos a la hora de hacer dinero.

7/10

Crítica de cine 2:21 am

El modelo de películas basadas en la mezcla de pequeñas historias que se van entremezclando a lo largo del metraje, tratando de dar una sensación de coherencia final, no es algo nuevo en Hollywood. Cada vez son más los guionistas que se ponen manos a la obra y entretejen un guión complejo en torno a un tema, huyendo de las limitaciones que una única historia puede dar a un tema más amplio. En este sentido, Crash es deudora directa de dos películas: Traffic en el fondo social del asunto y Magnolia en la parte formal. De hecho en esta segunda se fija tanto que por momentos llega a imitarla peligrosamente. En manos de Paul Haggis, guionista de Million Dollar Baby, Crash es un compendio de buen guión e irregular resultado final, que no obstante consigue llevar su mensaje al espectador aunque deja una impresión general de que la película en otras manos hubiera tenido más personalidad y hubiera sido más definitiva.

Como todas las películas del mismo estilo, las nombradas y alguna otra como Vidas cruzadas, es difícil describir en cuatro líneas los distintos caminos argumentales recorridos en Crash. Todos ellos giran en torno a un tema tan trillado como el racismo que sin embargo Haggis traslada a la gran urbe de Los Angeles ayudándose del sentimiento de falta de humanidad que rodea a las grandes ciudades hoy en día. Alrededor de distintos choques de vehículos, que metafóricamente tratan de asemejarse a los choques entre personajes desconocidos, el film plantea unas cuantas pequeñas historias con el fin de abarcar toda la casuística posible relacionada con choques interraciales, entre etnias distintas. La baza más positiva de Crash es que no se limita al inacable filón de blancos vs. negros sino que en sus historias se cuelan orientales, persas, hispanos y todo tipo de representantes culturales. Su gran hándicap es el de plantear demasiadas historias para el poco metraje con el que cuenta la película, fracasando así a la hora de implicar emocionalmente al espectador, pues cada actor apenas cuenta con unos minutos de cuota de pantalla.

El guión es lo más prometedor de Crash de cara a los Oscar, y a pesar de su complejidad está escrito con limpieza y es fácil de seguir. Sin embargo a la hora de montar Haggis se queda un poco a medias y su inexperiencia le cuesta que todo parezca obra del azar a la hora de encadenar una historia con la siguiente, una resolución con otra sin apenas conexión. Que todo gira en torno al racismo y la xenofobia está claro, pero Crash se queda en una sucesión de cortometrajes sin apenas relación entre ellos. Además a Haggis aún le queda mucho para poder ser considerado un gran director, y el lirismo de muchas escenas se queda en intento a pesar de tener una fotografía interesante y una fantástica BSO escrita por Mark Isham con toques chill-out. Haggis no innova ni arriesga a la hora de rodar y todo resulta un pelín convencional, lo que a pesar de la calidad de la película le deja a uno con la impresión de que a Crash le faltan un par de revoluciones para llegar a ser considerada como una obra maestra. Y ello a pesar de que la dirección de actores es estupenda e incluso, y es mucho decir, hasta Sandra Bullock no estorba en la pantalla.

Crash resulta así una muy interesante película que en primera instancia, por la aglomeración de personajes y líneas argumentales, acongoja al espectador hasta convencerle. Sin embargo esa sensación de que le falla algo evoluciona a la hora de reflexionar el film hacia una falta de habilidad detrás de la cámara que hace que Crash se quede sólo como una interesante propuesta y no como la gran obra maestra que pudo llegar a ser a partir de su guión.

7,5/10