El modelo de películas basadas en la mezcla de pequeñas historias que se van entremezclando a lo largo del metraje, tratando de dar una sensación de coherencia final, no es algo nuevo en Hollywood. Cada vez son más los guionistas que se ponen manos a la obra y entretejen un guión complejo en torno a un tema, huyendo de las limitaciones que una única historia puede dar a un tema más amplio. En este sentido, Crash es deudora directa de dos películas: Traffic en el fondo social del asunto y Magnolia en la parte formal. De hecho en esta segunda se fija tanto que por momentos llega a imitarla peligrosamente. En manos de Paul Haggis, guionista de Million Dollar Baby, Crash es un compendio de buen guión e irregular resultado final, que no obstante consigue llevar su mensaje al espectador aunque deja una impresión general de que la película en otras manos hubiera tenido más personalidad y hubiera sido más definitiva.

Como todas las películas del mismo estilo, las nombradas y alguna otra como Vidas cruzadas, es difícil describir en cuatro líneas los distintos caminos argumentales recorridos en Crash. Todos ellos giran en torno a un tema tan trillado como el racismo que sin embargo Haggis traslada a la gran urbe de Los Angeles ayudándose del sentimiento de falta de humanidad que rodea a las grandes ciudades hoy en día. Alrededor de distintos choques de vehículos, que metafóricamente tratan de asemejarse a los choques entre personajes desconocidos, el film plantea unas cuantas pequeñas historias con el fin de abarcar toda la casuística posible relacionada con choques interraciales, entre etnias distintas. La baza más positiva de Crash es que no se limita al inacable filón de blancos vs. negros sino que en sus historias se cuelan orientales, persas, hispanos y todo tipo de representantes culturales. Su gran hándicap es el de plantear demasiadas historias para el poco metraje con el que cuenta la película, fracasando así a la hora de implicar emocionalmente al espectador, pues cada actor apenas cuenta con unos minutos de cuota de pantalla.

El guión es lo más prometedor de Crash de cara a los Oscar, y a pesar de su complejidad está escrito con limpieza y es fácil de seguir. Sin embargo a la hora de montar Haggis se queda un poco a medias y su inexperiencia le cuesta que todo parezca obra del azar a la hora de encadenar una historia con la siguiente, una resolución con otra sin apenas conexión. Que todo gira en torno al racismo y la xenofobia está claro, pero Crash se queda en una sucesión de cortometrajes sin apenas relación entre ellos. Además a Haggis aún le queda mucho para poder ser considerado un gran director, y el lirismo de muchas escenas se queda en intento a pesar de tener una fotografía interesante y una fantástica BSO escrita por Mark Isham con toques chill-out. Haggis no innova ni arriesga a la hora de rodar y todo resulta un pelín convencional, lo que a pesar de la calidad de la película le deja a uno con la impresión de que a Crash le faltan un par de revoluciones para llegar a ser considerada como una obra maestra. Y ello a pesar de que la dirección de actores es estupenda e incluso, y es mucho decir, hasta Sandra Bullock no estorba en la pantalla.

Crash resulta así una muy interesante película que en primera instancia, por la aglomeración de personajes y líneas argumentales, acongoja al espectador hasta convencerle. Sin embargo esa sensación de que le falla algo evoluciona a la hora de reflexionar el film hacia una falta de habilidad detrás de la cámara que hace que Crash se quede sólo como una interesante propuesta y no como la gran obra maestra que pudo llegar a ser a partir de su guión.

7,5/10